Conecto y desconecto del ruido callejero. Sumergiéndome (en las desconexiones) en la lúgubre y nostálgica propuesta de Tindersticks, cayendo en una dulce, inocente y perturbadora tristeza.
Aprieto el botón del auricular instantes antes de que la "dulce, inocente y perturbadora tristeza" abandone tales adjetivos y sean sustituídos por patética, manipuladora e inútilmente perturbadora tristeza.
Y me conecto al sonido del aquí y ahora: taladros, obras, motos, risas y discusiones variopintas cercanas.
Así, paso de ser ombligo a hormiguita, de importante a "uno más".
Así, se desvanece y relativiza mi neura.
Entre vaivenes, aprovecho y exprimo los últimos coletazos del sol (aún preotoñal).
Así, calmo,
así sucedo en este día a día.
